miércoles, 23 de noviembre de 2016

IV

Ayer te vi.
Traías entre las manos un fragmento de mí ya olvidado. He cambiado, ya ves, y ahora soy más como tú, porque la vida nos arrojó juntos una vez por alguna buena razón. En cierto modo, soy solo un aguafuerte más nítido de lo entonces era, y tú ya podías intuir. Más cruda, más apaleada, más en carne y vísceras. Tú, sin embargo, te ríes con la misma risa grande, algo pueril, te ríes de las mismas cosas. Pero tienes algo distinto. Una especie de serenidad imprecisa que has alcanzado al fin, una sabiduría más elaborada quizá.

Ayer te vi y recordé que alguna vez fuimos poderosos, admirables, y el mundo no podía nada contra nosotros.

Te vi y recordé que fuimos importantes porque estábamos juntos. 

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