domingo, 8 de febrero de 2015

Volutas


Existe un placer casi místico en el acto de fumar un cigarro. El que yo tenía ante mis labios era un puro, dominicano, para más señas, con un espesor prieto y tensado entre unas manos femeninas y próvidas con manso apremio, como quien desviste un cuerpo largamente codiciado. Entre sus danzarinas volutas de muselina azul, creía yo vislumbrar alguna esquiva certeza, atrapada entre aquellos tentáculos fantasmales. Cabrioleaban relumbrones de fuego en su cabeza, estrellas en la noche de mi esparcimiento solitario y pensativo. Cada calada extraía una blanda espuma de su copa y bombeaba un humo suculento y aturdiente hacia mis pulmones. En la punta se engrosaba una cabellera desmochada de ceniza que se desprendía pesadamente, demasiado pesadamente para mis escasas paciencia y experiencia, así que lo deseché a un lado y dejé que se apagara.

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