miércoles, 29 de agosto de 2012

La belleza punzante de esta ciudad
y el gusto a ceniza de las calles…
¿qué buscaré, qué podré buscar
en este desierto de pájaros sin alas,
en este viento de amapolas deshojadas?
¿Qué haré conmigo, qué haré,
si me arrancas del paraíso entumecido
de tu recuerdo,
si me abandonas a mi soledad sin ángel?
Tú, que ni siquiera existes
tú, que eres el hilo petrificado
de mis pensamientos
tú, que eres la pueril agonía
que domestica mis noches
tú, aunque nunca existieras
y aunque alguna vez lo hicieras,
me dueles aquí en la palma de la mano,
me escueces en el caño de las venas,
me murmuras de puntillas junto al corazón.
Tú eres la historia toda de mis veinte años,
tú eres la bruma que hiela mis pupilas
y me resignaré a vivir siempre prendida de ti,
a florecer siempre a destiempo,
a marchitarme con la sangre aún nueva.
los ojos de niña, los labios de cuchillo
el vientre, siempre
                                            [seco.

1 comentario:

  1. Hemos de hallar, en este mundo gris, una luz.
    Sólo porque, al hallarla, sentiremos algo mágico.
    Y no hay nada más inexplicable y necesario para un escritor que la magia.

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