sábado, 24 de marzo de 2012

Amor no correspondido

Discúlpenme que hable de amor...

El beso, de Edvard Munch


        Yo creo que el amor no es una enfermedad sino un crimen. Un crimen en el que la inerme víctima se acomoda ella misma en el altar rogando “¡sacríficame!”. En el que el verdugo sólo obtiene el provisorio placer de amamantar su ego y luego nada más, sólo un tenue malestar, un ligero rechazo por sí mismo y por el otro. Sin embargo, el que ama parece que descubriera la intensidad de la vida con cada aguijonazo de dolor; degustando con fruición un sufrimiento que se le antoja delicioso. Y al mismo tiempo el que recibe el amor se va hundiendo cada vez más miserable, consumido en su desprecio. 
      Y así es cómo el enamorado le va sorbiendo la vida a su amor. Y así es cómo en el amor la víctima llega a dominar a su verdugo.

       

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