lunes, 16 de enero de 2012

Ascenso de los infiernos

Aún resuenan en mis oídos las palabras mordientes, como gusanos taladran mis entrañas y como agujas se clavan en mi piel y su eco es un veneno lento para el alma.”

La persona que escribió estas palabras guardaba un suplicio bajo la piel. Sé bien que cada día le arrancaba pedacitos de cordura, de humanidad. Es cierto que el dolor nos hace más humanos, pero ciertos tipos de sufrimiento pueden degradarnos a una condición de bestia, porque nos han golpeado tantas veces que sólo podemos replicar como lo haría un animal herido.

“(…) una bestia que desea aplastar la arrugada cabeza bajo sus pies, hasta que desaparezca el rictus de desprecio que prende mi sangre (…) hasta que se abra como una nuez, redonda y se sumerja en sus propias vísceras.”

Siento escalofríos al imaginar este alma violentada,  alma de una negrura viscosa que se mueve en el filo de la demencia, aullando su desesperación. Repite a un hombre día tras día lo inmundo que es y al final, terminará siéndolo.

La persona que escribió esto ya abandonó aquellos desolados dominios  que frecuentaba su espíritu, pero a veces, la memoria vuelve a fondearlos y captura por segundos el breve resplandor del fuego del infierno.

domingo, 15 de enero de 2012

Primeras luces

He pasado la noche en vela hasta que me ha sorprendido el amanecer.

Siempre es un goce delicado contemplar el alba; pareciera que la misma claridad que se expande en el aire inundara el propio cuerpo con su tacto ligero. Casi tan opuesto como lo que se siente al despertarse cuando ya es de noche, unos de esos días en que se tiene el ciclo del sueño cambiado. Entonces uno se despierta con una picazón de abatimiento, de desesperación, de soledad también: la soledad del único hombre sobre la tierra. Cuando todos duermen y flota un silencio ominoso, la noche es más negra que la conciencia enlodada de un criminal.

Pero por ahora, sólo hay luz que se derrama como agua clara, sólo un alma que se esparce por todos los rincones de esta habitación. El mundo bien puede acabarse mañana.