lunes, 14 de febrero de 2011

Sueño, noche, muerte, hiel


I
Anochece.
La oscuridad se derrama en volutes de ópalo,
la enredadera recoge sus verdes trenzas,
la brisa despeina las copas de los árboles,
los pájaros,
parecen flores agitadas por el viento
y el rocío tiembla estremecido en su hoja.


Dios nos observa con su mirada muerta
y eterna.
El Remordimiento prime nuestro pecho con garras de hielo
y nos tapona la boca
y la nariz.
Las farolas arrojan sombras aceitosas
que se tornan fantasmagóricas
y danzan en la luz agonizante
torturándonos,
con la mirada acusadora del transeúnte todavía ardiendo en la nuca.


Y cada noche,
nuestro fiel compañero nos visita
y ahoga sus labios en nuestras entrañas,
que se llenan de una espesa sangre negra
que brota como el lodo.
Y cada noche,
Cuando la negra cabellera se derrama sobre el lecho
y caen las ropas como pieles muertas,
es la Tentación quien roza nuestros labios
con su lengua lúbrica
y es el pecado quien profana el aire
con su denso jadeo.
Y cada noche,
nos sumergimos en un delirio inmenso,
la Locura nos envuelve con su cuerpo macilento
y enfebrecidos susurramos
y morimos
lentamente.
Y cuando con el recuerdo como única compañía
vagamos a la deriva,
en una mar de bloques de cemento,
intentando descifrar el misterio de la piedra,
con el amargo beso de la botella aún en los labios,
con la huella áspera de la culpa aún en la piel,
nos desvanecemos en cualquier esquina
desechos y casi descompuestos
con la palidez de la luna en la tez.




Últimamente reniego de todos mis escritos. Progreso lentamente y pugno por encontrar mi "propia voz", pero sin conseguirlo. Es cierto que con 18 años es difícil, por no decir imposible, tener un estilo definido, pero me asusta refugiarme en lugares comunes, en sentimientos manoseados, en las mismas palabras y estructuras...Como si toda mi vida interior se redujera a eso, que, por supuesto, no es así. También debo admititr que escribo muy "a lo loco", en la euforia del momento y eso también repercute en la calidad de mis textos.En fin, no sé...Ni siquiera estoy segura de que contar mis intimidades literarias pueda servir para algo.