martes, 11 de enero de 2011

El abrigo nuevo


Me he comprado un abrigo nuevo.
No tiene nada de especial, ya lo sé…Pero, es que, cuando lo llevo me siento tan cerca de ti… Me siento dentro de ti, como si de un negro caparazón se tratase.
Me abrazo a mi abrigo como si fueras tú, como si te tocara cuando rozo su negra piel, como si te oliera cuando aspiro su aroma de tarde junto al fuego.. Hace dos días que lo tengo, pero ya es parte de mí. Ha venido a agitar unos cuantos recuerdos mustios como el que agita un pañuelo para esparcir un perfume. Lo toco y lo retoco: mi abrigo, mi abriguito…
Y entonces pienso en ti, en que algún día nos encontremos en algún café perdido, quizá en París, la ciudad del desamor.
“Curioso pero creo recordar que…”Sshhhh, no digas nada. Déjalo así. No emborrones esos recuerdos dorados que son el brillo de mi existencia. El tiempo en que el sabor de la gloria se me hizo quizá pesadamente dulzón. Pero ahora…no sabes cómo te busco, con qué insistencia, con qué angustia…con la del que sabe que despreció una piedra preciosa porque le cegaba el sol que en ella se reflejaba.

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