lunes, 17 de enero de 2011

El desconocido




Tú, el desconocido. Tú, tan familiar…
Con esa sonrisa que va más allá del tiempo y tus ojos de alas oscuras, devorando corazones en dentelladas trágicas, robando el aire y la cordura. Regalando tu sonrisa a las almas sedientas. Tu sonrisa, ese instante de sol y perlas en tu boca, esa promesa fugaz de eternidad, ese vuelo de paloma que busca el cielo…
Yo, tan alejada de ti, intento perderme en
algún bar y ahogarme en palabras para no escuchar la historia que fluye desde mi pecho, sin cesar jamás, como una letanía.
Pues cuenta mi corazón que cada noche, al cerrar los ojos, se torna un pájaro que levanta el vuelo sin saber a qué ignotos destinos le llevarán sus alas, hasta llegar a una lejana urbe.
En aquel lugar hostil, exhausto
y desamparado, se apoya en una de las ramas más altas de la ciudad para dejarse morir. Se nubla su vista, se entumecen sus patas, se abandona a la muerte…Entonces abre los ojos sólo un momento para contemplar el mundo por última vez, y a lo lejos, sobre la piel desgarrada del horizonte, se agita, deslumbrante como las puertas del paraíso y luminosa como un pedazo de luna, una solitaria sonrisa.

martes, 11 de enero de 2011

El abrigo nuevo


Me he comprado un abrigo nuevo.
No tiene nada de especial, ya lo sé…Pero, es que, cuando lo llevo me siento tan cerca de ti… Me siento dentro de ti, como si de un negro caparazón se tratase.
Me abrazo a mi abrigo como si fueras tú, como si te tocara cuando rozo su negra piel, como si te oliera cuando aspiro su aroma de tarde junto al fuego.. Hace dos días que lo tengo, pero ya es parte de mí. Ha venido a agitar unos cuantos recuerdos mustios como el que agita un pañuelo para esparcir un perfume. Lo toco y lo retoco: mi abrigo, mi abriguito…
Y entonces pienso en ti, en que algún día nos encontremos en algún café perdido, quizá en París, la ciudad del desamor.
“Curioso pero creo recordar que…”Sshhhh, no digas nada. Déjalo así. No emborrones esos recuerdos dorados que son el brillo de mi existencia. El tiempo en que el sabor de la gloria se me hizo quizá pesadamente dulzón. Pero ahora…no sabes cómo te busco, con qué insistencia, con qué angustia…con la del que sabe que despreció una piedra preciosa porque le cegaba el sol que en ella se reflejaba.